Cyberseguridad tras el COVID19

El teletrabajo es una de esas quimeras que el mercado laboral lleva saludando desde lejos con gran excepticismo desde hace no pocos años pese a ser muchos los roles que en ese ámbito podrían ejecutarse.

La aparición del COVID19 ha supuesto no sólo un mazazo terrible a nivel sanitario y económico sino que ha forzado a que gran parte del sector económico se lanzase a los brazos del llamado teleworking como única vía para mantenerse a flote, provocando situaciones nada deseadas producto de una, hasta cierto punto, comprensible falta de previsión a todos los niveles. Puedo decir con orgullo que en mi equipo, tras varias semanas de una enorme exigencia, hemos conseguido facilitar que muchas de las grandes empresas de este país pudieses transitar hacia un escenario de teletrabajo sin que sus estructuras de trabajo y las plataformas que las soporta se viesen gravemente mermadas.

Sin embargo, la nueva realidad (bendita neolengua) presenta una foto donde no sólo las grandes empresas tendrán que normalizar el trabajo a distancia sino que tambíen las pequeñas y medianas (que recordemos son las que soporta el peso del país) tambíen van a tener que dar un paso al frente en este sentido si quieren estar preparadas para aprovechar las nuevas oportunidades que se presentarán en el futuro. Y eso va a requerir que en tiempos de crisis se realice una inversión de tiempo, de capital y, quizás lo más difícil, de valentía.

Y en este momento es donde la seguridad se antoja como un elemento vital a tener en cuenta. Cualquier empresa puede tener un router, puede tener un punto de acceso para dar conexión WiFi o incluso puede tener conexiones remotas desde el hogar hacia la oficina, pero una topología débil supone un riesgo que debería ser inaceptable para el año 2020.

Dimensionar bien los elementos de red (número de usuarios remotos simultáneos, throughput y sesiones máximas, etc), prover de un sistema de comunicación ágil entre empleados, securizar las conexiones, diseñar mecanismos de respuesta ante catástrofes, auditar la información que entra y sale de nuestros sistemas … todo esto y mucho más es imperativo si queremos entrar en la nueva década con una cimentación sólida.

Soy ciertamente pesimista en relación a que el empleador medio en España vaya a afrontar este desafío motu propio, pero la realidad es muy terca y tarde o temprano aparecerá para saludar, y más nos vale estar preparados. No tengo ninguna duda que el trabajo que hay por delante es complicado, pero la barrera que nos separa entre el éxito y el fracaso no es tecnológica sino mental.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.